domingo, 6 de abril de 2014

Poemarios

Edición anotada de la tristeza 
Pre-Textos, 2013
V Premio de Poesía Joven RNE
 
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La tabla del uno
Injuve, 2012 
Áccesit Premios Injuve 2012

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Premio Murcia Joven 2007


Reseñas

Introducción a Edición anotada de la tristeza
Juan de Dios García

La creación arrinconada

Desde lo alto de la tristeza las vistas son privilegiadas y José Alcaraz ha aceptado el desafío de los espíritus superiores. Para él «la tristeza es margen». Así, esta nunca se encuentra en el centro. No está en la pista de baile sino en la barra, o a un lado en un corrillo, o simplemente en casa sin salir. Además, ese distanciamiento deja espacio, abre hueco, crea vacío. ¿Y no es la invención el acto de producir ante la nada o ante parte de ella? Tal vez por eso nuestro poeta diga que la tristeza «prefiere la orilla al mar, / porque es allí donde llegan las olas»; es, por tanto, un lugar para la fabulación. 
  
José Alcaraz ha elegido una tristeza inteligente, rica en matices, no aquella que se deja abatir. Y la ha elegido también por mesura, puesto que parece que la tristeza resulta obscena actualmente en una sociedad que persigue una felicidad sin taras.
  
Hay que esclarecer por qué en esta obra los poemas se encuentran como notas a pie de páginas en blanco. El autor los escribió desde los lugares de la tristeza dejando que ella hablase, subtitulando el silencio y la soledad para después devolverlos a su sitio en el papel como glosas, arrinconados, y desde allí observar mejor el hueco, el vacío, o la pista de baile, el corrillo, el mundo, pues de esa observación nace el estudio arquitectónico de este libro.

La periferia positiva 
  
Ahora se entenderá mejor que no hay por qué esperar en Edición anotada de la tristeza textos abatidos de un autor desconsolado. Muchas de estas notas son poemas de situación emocional y, otras, de reflexión sensitiva, de pensamiento que impresiona, de sacudida breve y directa. Todos ellos con su dosis de entusiasmo, melancolía, belleza o lo que tenga a bien llegar a la orilla de los versos. Sólo en dos ocasiones aparece la palabra tristeza, con la misma naturalidad con que puede hacerlo la palabra alegría o cualquier otra. Nuestros fracasos, pues, aparecen mezclados con nuestros éxitos más felices.

El destino ha dispuesto que yo viva en la misma ciudad que José Alcaraz, goce el privilegio de su amistad y dé largos paseos semanales con él bordeando el Parque de la Rosa, corazón geográfico de su inspiración. He sido testigo de sus apuntes optimistas, su conciencia de dignidad, su vocación aforística, su capacidad de observación cotidiana para hablar de grandes temas de siempre como el paso del tiempo y la incomunicación, su humor irónico, sus análisis sociológicos y su experiencia personal de distanciamiento intencionado. Este prólogo, por tanto, no es más que una transcripción casi literal de las teorías que él mismo me iba regalando mientras esta obra cobraba forma. 

Dándole la vuelta al célebre pensamiento de Robert Burton en Anatomy of Melancholy, si existe un paraíso en la tierra, cabe encontrarlo en un hombre triste.



Edición anotada de la tristeza en el blog El boomeran(g)
Vicente Luis Mora
15/8/2013 

Dialogías 

Hay libros de poemas que ponen a conversar dos textos diferentes, uno de los cuales puede ser invisible. Si el diálogo persigue encarnar el conflicto, el poemario puede ser llamado dialéctico sin demasiado problema; será dialógico cuando lo que busca es más bien el intercambio de ideas, el trasvase entre los dos textos comunicados. En los últimos meses han aparecido dos libros en esta dirección, sin nada que ver entre sí. / Enrique Falcón es uno de los poetas españoles más inclasificables. Con una larga trayectoria, autor de una "work in progress", La marcha de los 150.000.000, culminada en 2009 tras más de una década de trabajo, Falcón ha terminado una trilogía de poemarios con Porción del enemigo (Calambur, 2013), que completa a Taberna roja y Amonal. Falcón tiene una poética comprometida y social, que suele salvar el peligro de caer en lo panfletario mediante un sabio uso de las imágenes poéticas y de resortes estructurales que elevan el discurso convirtiéndolo en algo más que lo dicho y en mucho más que lo denunciado. Uno de estos procedimientos en Porción del enemigo es la dialogía entre diversos textos, que acaba ensamblando con la "tijera" (p. 113) conceptual, haciendo lo que hemos denominado en otro lugar bibliomaquias: los antiguos centones convertidos en un poderoso bisturí textual mediante la acumulación de sentido. Revertir el sentido de los textos (alguno de ellos canónico, otros sacados de la realidad política, como discursos de Merkel u Obama que desvelan otros significados), o incrementarlo (como en el memorable "Tratado de las leyes"), he ahí procedimientos dialógicos que Falcón sabe usar con precisión desconcertante. Su tijera comienza cortando textos y acaba diseccionando al lector. Gracias por eso. / Si Vladimir Nabokov en Pálido fuego (1962) construye una novela como la edición filológica de un falso poema, donde la narración se contiene por entero en las notas al poemario del editor Charles Kinbote, el poeta murciano José Alcaraz lleva a cabo en Edición anotada de la tristeza (Pre-Textos, 2013) una operación especular, llevando los poemas a las notas al pie y vaciando el texto. Cada poema es la nota a otro poema, invisible, que desaparece, segando la mitad de la dialogía y convirtiéndola en un monólogo que tiene como interlocutor al silencio. No se alarmen, no vamos a hacer una lectura del poemario a la luz de Derrida o José Ángel Valente, y no por inoportunidad teórica, sino porque dudamos que esos sean los materiales principales con que Alcaraz ha construido el texto. Alcaraz no establece un diálogo con un pensador o un poeta en concreto, sino con la Filología misma, de la que es aprendiz, y con sus metodologías. Su método de escritura es el método de análisis de la escritura. Es el resultado de salirse para ver el cuadro, como hace Velázquez, según Foucault, en Las meninas. Como si Aristóteles hubiera escrito todo el Órganon en breves silogismos. /  "La crítica dialógica (...) se niega a eliminar cualquiera de las dos voces en presencia", dice Todorov.



Edición anotada de la tristeza en la revista Punto de libro
nº 31  
15/9/2013  

El pasado mes de abril José Alcaraz se hizo con el V Premio de Poesía Joven RNE por su poemario Edición anotada de la tristeza. El concurso premiaba la mejor obra presentada por autores que no superaban los treinta años de edad. Y José Alcaraz, justo en esa frontera, ganó merecidamente el galardón con una obra que habla de la tristeza, algo que, según sus propias palabras, puede parecer algo obsceno en una sociedad en la que se glorifica "la felicidad sin taras". No es este, por otro lado, el primer poemario publicado por este cartagenero. Suyos son también Usted está aquí (premio Murcia Joven 2007) y La tabla del uno, publicado tras obtener el Accésit de los Premios Injuve para la Creación Joven 2012 en la modalidad de poesía.
 
La tristeza que describe José Alcaraz en su poesía es melancólica, nostálgica, serena. No hay drama, solo aceptación. Y quizá ni siquiera eso, porque bajo el texto se intuye la fe en la salida, la certeza de que existe algo que, a falta de otro nombre mejor, llamaremos felicidad. ¿Qué es, si no esperanza, la convicción de que el mundo es una ruleta que finalmente nos elegirá a cada uno de nosotros? ¿O la certeza de que el tesoro está ahí, que lo difícil es encontrar el mapa que nos lleve hasta él? El mensaje es claro: la tristeza, como las tormentas, acaba por disiparse. Únicamente hay que mantenerse firme y soportar los embates de la tempestad mientras esta dure.

Si en algún poema José Alcaraz se atreve a dibujar esa felicidad que se esconde tras la tristeza, es de manera fugaz, para recalcar el vacío, la soledad que queda tras ese breve momento feliz. Después, los poemas se quedan con los aromas, las imágenes, los recuerdos de esa felicidad fugaz. La soledad, no como espacio de introspección, sino como fuente de tristeza acaba por imponerse verso a verso.

La tristeza se narra en este poemario como una compañera de viaje que ineludiblemente debe compartir con nosotros parte de nuestro trayecto. Entonces, cuánto mejor será darle la bienvenida, intentar convivir con ella de la mejor manera posible hasta que nos deje, y hacerlo siempre resistiendo, sin rendirse, sin aceptar la derrota. Persiguiendo siempre esa felicidad esquiva.

Edición anotada de la tristeza está formada por notas a pie de pagina de unas páginas en blanco. Cuarenta y siete poemas sin título, cuarenta y siete notas que solo anotan el vacío, la soledad, la tristeza. José Alcaraz crea poemas esquemáticos, de apenas dos versos, que son adagios, sentencias a veces magistrales. Es en los poemas más breves donde encontramos las imágenes más bellas. Parece increíble, pero indefectiblemente nos vemos obligados a detenernos en una página prácticamente en blanco, con solo dos líneas en el margen inferior, pero que encierran un mensaje tan potente que invitan, por ejemplo, a cerrar los ojos e imaginarnos en una playa manipulando relojes de arena. Estos poemas mínimos se mezclan con otros de mayor extensión, más narrativos, donde se entra a valorar el sitio que le corresponde a la tristeza en nuestras vidas.

Este poemario pide muy poco, solo un espacio tranquilo, y unos minutos de aislamiento. A cambio ofrece una belleza que no está en la métrica de sus versos, sino en las imágenes que evoca y en las metáforas que sugiere.



Edición anotada de la tristeza en el suplemento cultural Ababol del diario La Verdad
Antonio Ortega
25/1/2014

La amiga imaginaria del recuerdo

A veces llega a las librerías una propuesta lírica interesante, como lo es este poemario de José Alcaraz (Cartagena, 1983), Edición anotada de la tristeza, Premio de Poesía Joven de RNE 2012, quien articula un diálogo consigo mismo en formato de anotaciones a pie de página, práctica habitual de los textos ensayísticos, no en poesía. Trasciende pues una doble lectura e intención poética: poner en marcha una calculada reflexión sobre la vida misma y sus equívocos consuetudinarios, y hacerlo desde la perspectiva de un combate dialéctico. No hay poema, la página está en blanco; no hay poeta, mira desde fuera, como Velázquez; solo resiste la anotación, abajo.

En las escenas cotidianas se esconde el nombre exacto de las cosas, la verdad pura que quería Juan Ramón Jiménez, pero a menudo no logramos distinguir el mapa del tesoro, la noche del día, la vida de la muerte, el sonido del silencio, la risa del llanto, el frío del calor o la distancia de la cercanía. Una vez encontrada la palabra adecuada, nuestro poeta comienza a saborear la luz del invierno, el aroma de la piel amada, el paseo con el perro por el parque frente a casa, los ruidos de la calle, la mirada desde los cristales del café. Y llegan con puntualidad los recuerdos de la escuela, los dibujos de la profesora, los viejos zapatos de la infancia. Pero en el devenir de esa película existencial se adhieren sombras indeterminadas, «la Nostalgia es la amiga imaginaria del Recuerdo», escribe en la página 38, fragmentos agridulces de la soledad, los tímidos oleajes de la tristeza, los avisos de la muerte, el tiempo que se va o la palabra que se olvida. Las paradojas de la vida, sus contradicciones, se parecen bien a los conflictos del verso. Y de ese modo el poeta, y su pretensión de crear un lenguaje directo, juega con las antítesis, las repeticiones, los campos semánticos y las familias léxicas. Como la vida, la poesía. Un buen trabajo.



Edición anotada de la tristeza en el blog Librario íntimo
Rubén Castillo
16/2/2014

Un poeta que entrega al mundo sus primeras publicaciones suele ofrecer en ellas, según una costumbre bastante extendida, o bien calidad o bien originalidad. En el primer bloque se incluirían los autores más apolíneos y en el segundo los más dionisíacos (uso, como es evidente, la terminología que tanto le gustaba a Friedrich Nietzsche). Raros son quienes consiguen el equilibrio entre ambas y modelan una obra que participa con amplitud de ambas. José Alcaraz (Cartagena, 1983) lo ha logrado sin duda en su excelente Edición anotada de la tristeza, un libro original, breve y denso que le valió el premio de Poesía Joven de Radio Nacional de España en el año 2012 y que ahora publica Pre-Textos en elegante formato y con un bello texto de solapa que le dedica el también poeta Juan de Dios García.

Lo innovador del poemario de José Alcaraz consiste en la apuesta visual que nos traslada: los versos están alineados, con barras diagonales separadoras, en la parte inferior de cada página, como si fueran anotaciones eruditas a la parte superior... que está en blanco. Ahí adquiere todo su sentido el marbete de la obra. Pero que nadie juzgue (pues se equivocaría) que se trata de un simple truco de prestidigitación o de un oropel adolescente. José Alcaraz sabe de sobra lo que está haciendo: definir la poesía como una brisa que subraya la realidad o que la perfecciona. A veces, proponiéndonos una aventura casi surrealista, en la que todo queda subvertido por el mágico poder de la fantasía, que nos revela el envés de nuestro mundo («Faltar a clase de Imaginación, / llevar un rascacielos / como justificante, / suspender para el resto de la vida / real»); otras veces, planteando una rebelión que nos otorgue por fin un camino nuevo por el que transitar («Quieren ponernos / una venda en los ojos / y no saben que es la cinta /que vamos a cortar / en la inauguración / de una nueva mirada»); otras, instalándose entre la grisura y descubriendo que también allí puede habitar la luz, de una forma paralela («Día de niebla. / Sí. / Pero tú, / que siempre estás en las nubes, / siéntete como en casa»); otras, recordándonos aquellos horrores que suceden al otro de la lírica pero que condicionan, o deberían condicionar, nuestro espíritu («También cada dos versos / muere un niño en el mundo / a causa del hambre»); otras, llegando a esmaltar auténticos aforismos filosóficos, que serían grabados en mármol si los firmara Cioran («Vaciar relojes de arena en la playa / sería una bella forma de perder el tiempo») o Arthur Schopenhauer («Cada cruz del cementerio, / ¿será una suma del cielo?»); y otras, en fin, obligándonos a volver los ojos hacia nosotros mismos, carne triste condenada a la extinción, sin más compañía auténtica que el vacío («La gente no nace para estar sola. / La gente no sueña quedarse sola. / La gente no admite a la gente sola. / Y lo peor de todo: la gente no sabe / que en realidad está sola»).

José Alcaraz es poeta. Poeta de muchos quilates. No es voz coyuntural o pasajera. Y la intuición pocas veces me ha fallado en el mundo de la literatura. Yo apostaría por él con los ojos cerrados ahora mismo.




Edición anotada de la tristeza en el blog La segunda lluvia
Fernando Garcín 
26/3/2014  

La editorial valenciana Pre-Textos publica el Premio de Poesía Joven de RNE 2012, Edición anotada de la tristeza del poeta de Cartagena José Alcaraz.

Siempre celebro cuando un poeta que me gusta por la poesía que escribe consigue un reconocimiento, es premiado y publicado. Es el caso de este libro y de José Alcaraz.


Mi primera lectura completa del libro la hice durante un trayecto de autobús entre dos ciudades a las que quiero. En esos trayectos de autobús leo mucho, y siempre libros intensos. Lo he hecho desde siempre, y es una actividad que se adecua a mi ritmo vital. Cuando más absorbo y más me inspiro es cuando estoy en movimiento. Siempre llevo algún libro de autores que me gustan, como Camus, Proust o Conrad, y casi siempre lo disfruto.


En esta ocasión, leyendo Edición anotada de la tristeza, iba leyendo los poemas y me detenía en algunos de ellos, volvía sobre otros, avanzaba hacia los nuevos por leer y nunca cerraba el libro. Me daba la impresión, repetida en otras ocasiones de lecturas apasionantes, de que el trayecto físico del vehículo que me lleva se acompasa con el trayecto espiritual del libro que leo. Sin embargo, aunque el trayecto del autobús tiene su principio, sus paradas intermedias y su final, su horario y sus cambios de carreteras, los textos que leo tienen su propia trayectoria, su propio horario que no lo es, sus avances y retrocesos.


Los poemas de José Alcaraz están escritos como notas a pie de página. El poema está abajo, nota que se refiere a algo que está en blanco en el cuerpo de la página, y que es lo que uno tiene que imaginar. Los poemas del libro no son poemas que se regodeen en la tristeza, la tristeza es ese espacio en blanco para el que los poemas son notas al pie, y en muchos casos, usando un símil futbolístico, auténticos pases al pie. 


Hay muchos poemas en los que uno se detiene y los lee y los relee sin poder dejarlos, por su hondura y por lo que sugieren sin definir.
Si citara versos o poemas del libro no pararía y aunque ello haría que usted, lector, fuera a buscar el libro como loco, también se vería privado de la sorpresa de descubrir por primera vez la maravilla del encuentro. "Cierra los ojos / y abre la boca. // No es un juego, / no una broma pesada. // Es no cerrar la boca, / es no tener que abrir los ojos / para ver." (pag. 30)


Contaré que durante buena parte del viaje se sentaba detrás de mí una mujer que habló un buen rato por el teléfono móvil, y luego lo dejó. Le entraban mensajes pero no los respondía, sólo miraba, de reojo, de vez en cuando. Podía resultar molesto que el volumen del sonido de alerta de mensajes no lo tuviera más bajo o en silencio. Sin embargo, en este caso, me parecía que eran las pulsaciones entusiastas de un enfermo de tristeza que de pronto surgiera de la página en blanco para decir que estaba allí.


Durante la última parte del viaje en autobús atardecía, y faltaba la luz. Era momento de mirar el paisaje difuminado, recordar imágenes, pensar, dejar que los ojos se cerraran o escuchar música. En esas páginas en blanco, sintiéndome triste un momento, en la hora violeta, las huellas de los poemas de José Alcaraz estaban a mis pies.




Edición anotada de la tristeza en la revista La galla ciencia
Alberto Chessa
7/2/2014 

Carta

Te felicito de corazón, amigo. Me parece un libro espléndido, con ribetes (o así me lo parece a mí) de la concisión y el relámpago de los mejores poemas de Juarroz. Hay como una continua y pertinaz inversión de motivos (no un tesoro enterrado, sino el mapa que nos guiaría a él; el mareo del mundo y no de uno en el mundo; la soledad echándose un solitario...), como si encontrases la razón de ser de lo que observas precisamente en su irrazón de ser o su razón de no ser: el mundo o la vida o el poema se ven mucho mejor haciendo el pino o -por qué no- dejando en blanco el texto de un libro, de forma que sólo queden a la vista las llamadas que lo apostillan, las notas al pie de un cuerpo deshabitado. Has pasado, como Alicia, al otro lado del espejo y, desde ahí, nos interpelas a los lectores que, al principio, como es natural, estamos desconcertados, pero que a poco nos sentimos cada vez mejor, más "deshechos y siniestros", hasta que lo que nos genera estupor, roce o incredulidad es, en realidad, lo que habíamos dejado atrás, el flanco ordenado, la vida que se piensa.

Tu poesía rezuma mucho ingenio, pero por fortuna supera también el chascarrillo, no falta a la "clase de Imaginación". Celebro ese tratamiento tan fresco del ubi sunt? en "Los trabajos de historia" y aplaudo a rabiar esa "bella forma de perder el tiempo" que consiste en "vaciar relojes de arena en la playa" (por cierto, yo también tengo un verso que imagina un reloj de arena... en la arena; en mi caso, en la misma orilla). No es que las apariencias engañen, sino que los engaños aparentan demasiado bien. Por eso, en un poema en el que la chispa se trabuca de grueguería, te preguntas (y nos interrogamos los demás gracias a ti), si "cada cruz del cementerio" no será "una suma del cielo".

Tiene razón Juande cuando habla de una "tristeza inteligente". Lo es, sobre todo, porque la voz no se rompe nunca en llanto (tampoco en carcajada, que es otro nombre, más sonoro, del llanto); más bien, se estampa en el papel dibujando una sonrisa resignada y un punto sardónica. El humor no apaga el fuego de la melancolía, todo lo contrario: lo encandece. Y es que hay melancolía, sí, en estos versos, pero serena, amaestrada. Es muy hermosa la metáfora de los paseantes como "estrellas fugaces" a los que "pedirles deseos" desde el interior de una pecera en forma de cafetería. En esta y otras piezas, creo darme cuenta de lo importante que es para ti el lugar, la ubicación desde donde mirar. 

Abro y miro el libro. Lo cierro. Y pienso que, cuando lo vuelva a abrir, en cualquier momento, de la arenilla de los versos en la peana de cada página, ocupando el inmenso hueco que deja en blanco, va a crecer un árbol.




Edición anotada de la tristeza en la revista Culturamas
Hétor Tarancón Royo
10/4/2014

En 1982 Ridley Scott dirige Blade Runner visualizando un futuro distópico donde las creaciones tecnológicas han traído el desorden al planeta Tierra. En esta diatriba entre el sentir y el no-sentir, uno de los replicantes pronuncia una frase que perdurará para siempre: “todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”. De esta manera, la tristeza por la pérdida del ser querido se supera para perdonarle la vida a su cazador, que puede al fin huir en busca de otra vida. Esta idea de la superación de la tristeza la tenemos en el último poemario de José Alcaraz, Edición anotada de la tristeza, que a modo del cuaderno rojo de Paul Auster nos recoge las impresiones de un detective, delineando con un pulso cuidado y delicado las irregulares formas de la cartografía. Y es que no es casualidad que ya el primer poema nos lo evoque: 1) La vida ha enterrado el mapa, / no el tesoro (p. 7).

Los poemas vuelan a baja altitud diseccionando la vida con el riesgo del aterrizaje de emergencia. Una presión emergente que domina la sociedad actual y que nos deja sin momentos de reflexión: si no produces algo, eres parte del problema. Además, nos ofrece tal exceso de posibilidades que acaba por confundirnos: 46) Qué bueno haberme dado la vuelta / a mitad de tantos caminos, / elegir otros que ni siquiera lo parecen, / desmitificar las oportunidades, / los beneficios, el orgullo. // La gente lo llama perder trenes, / pero trenes -como dice / Jorge Riechmann en su poema- / solo son los que conducen a uno mismo. // Billetes por favor. / Salimos cuando a mí me lo parezca (p. 52). Aunque aquí aparece de manera cristalina una de las claves de la obra: la tristeza es una búsqueda a ciegas de la propia superación, el sujeto va dejando lentamente sus cadenas para poder vislumbrar el final del camino sin arrepentirse de ello. Esto es, disfrutar del viaje y no dejar que el tiempo se nos escape como un puñado de arena entre los dedos de la mano.

Un sentimiento subjetivo que puede ser compartido por los lectores, pero también por la visión simultánea de las situaciones: 30) Sale el sol y el parque alumbra / otro niño al que se le escapa un globo. / Unos se fijan en lo alto que sube, / otros en el llanto del pequeño, / hay quien ve una metáfora de la vida / (hilo frágil que sujetamos / hasta el último instante). / Y yo, que  venía a respirar, / siento vértigo por la altura del globo, / pena por las lágrimas del niño ,/ rabia por la vida, que nos exige / apretar fuerte los puños para sujetarla (p. 36). A diario no podemos parar de ver posibilidades, de procesar datos, códigos, signos, etc., muchos de ellos jamás serán valorados. Este hecho lo conoce muy bien Alcaraz y se sirve de ello para colocar todos los poemas a pie de página rozando la caída: a un espacio en blanco le sigue el poema escondido en la más profunda de las capas vitales.

Somos educados para leer y comprender, estudiar escritos y dictarlos de memoria, pero ¿y para producir textos nuevos? Aquí subyace otra de las claves: el lector es quien tiene que completar las páginas, apuntando sus propias referencias, sus sensaciones, sacando cada uno de los momentos del crisol para apuntarlo, respondiendo a la cartografía del dolor con el suyo propio, imprimiendo el gesto en el vacío, dejando constancia de la existencia de la sentimentalidad corporal.
 
La última clave nos regala la llave esencial del sentir contemporáneo: el lenguaje es una espada afilada que hiere a todo aquel a quien se dirige: 36) Evoco recuerdos junto a mis amigos, / pequeños detalles del tiempo/ que nos hacen reír. / Hasta que un día ellos no se acuerdan / y de nada vale que yo intente reanimarlos con mi memoria. / Me dejan riendo solo. / Y esa risa no es más que sangre / llamando a un olvido lejanísimo / que ya viene a por mí (p. 42).



Presentación de Edición anotada de la tristeza en la asociación cultural La Azotea (Murcia)
Héctor Castilla
21/11/2003 

La razón de que José Alcaraz esté aquí es ésta: Usted está aquí, La tabla del uno y Edición anotada de la tristeza. Por esto está José Alcaraz aquí esta tarde. No es un recién llegado y estos tres libros son una buena demostración. Y para explicar por qué está aquí esta tarde hay que explicar de dónde viene.

Aquí lo tienen: José Alcaraz –el poeta, recuerden que por eso ha venido–, es un tipo que, como Woody Allen, no puede disfrutar de nada a menos que todos lo disfruten con él, un tipo que comparte la misma información que todos tenemos en nuestro cerebro: restos de asfalto, señales de stop, tribus urbanas, marcas de yogur, escombros de las Torres Gemelas...

José Alcaraz es de esos hombres que saben lo que es perder un reloj de arena, grano a grano, en la arena de una playa. Por eso, para él, leer poemas en voz alta, y solo, acaba con un gusto a eternidad en el cielo de la boca. Por eso sus palabras, para salpicar con eso que se llama conciencia de estar vivo, para estar en contra de esas papeleras –en cualquier ciudad– en las que hay dentaduras postizas de políticos que no tienen palabra y almas sin usar que sólo se compraron porque daban un cuerpo con la primera entrega.

José Alcaraz –repito, el poeta– a veces aúlla como el viento, ladra herido de existencia, se piensa perro que se muerde la cola –dando vueltas y vueltas– y sabe que la palabra mundo se escribe odnum. Por esa razón conoce el tiempo de paz y de sosiego que hay tras el atronador ruido de los anuncios. Sin embargo, hay días en que camina como quien no sabe adónde, creyendo a cada paso que está solo y más lejos del resto de personas, así que llega tarde a sus palabras y cuando las pronuncia ya no hay nadie esperando.

A José Alcaraz comenzó a darle vértigo la vida a los veinte años de altura, cuando pronunció sus primeras palabras: “la identidad es una bala perdida que sólo encontramos dejándonos matar por ella”; y cada vez que lo leemos ya tenemos media culpa de cada poema suyo. Esos poemas que reflejan las horas bajas que llegan a altas horas de la madrugada, en las que aparecen mujeres en cuyas bocas pareciera que cicatrizara el vacío, o que se ponen como vendas en sus propias llagas contra el arrítmico sentido de la vida.

Todo lo que he dicho hasta ahora desemboca en esta Edición anotada de la tristeza, en cuyas hojas se repiten los gestos del paisaje, conservando su esencia para siempre y en las que el poeta renace de un salto a lo contrario del vacío. Desde el margen, José Alcaraz pide que el ruido abandone el poema y que en él sólo se escuche un corazón para inaugurar así una nueva mirada. Desde ese margen, uno se siente en casa estando en las nubes y sabe que hay jornadas que piden piedad a los días de sol. En esa orilla sabe de la inutilidad de la poesía, puesto que cada dos versos muere un niño en el mundo a causa del hambre. En este libro, José Alcaraz pone el dedo en la llaga recordándonos que el hombre siempre pone en venta su soledad y termina siendo una pregunta retórica. Menudos los poetas, él lo sabe: peores que la lluvia.

Pero esta presentación no estaría completa sólo con mis palabras, entresacadas de sus poemas. Le he pedido a un buen grupo de amigos que hablaran sobre esta ‘Edición anotada de la tristeza’ para que todos sonaran/sonáramos aquí.

Dice Juan de Dios García: “José Alcaraz ha elegido una tristeza inteligente, cegada por la vida, rica en matices, no aquella que se deja abatir. Y la ha elegido también por mesura, puesto que parece que la tristeza resulta obscena actualmente en una sociedad que persigue una felicidad sin taras.
Hay que esclarecer por qué en esta obra los poemas se encuentran como notas a pie de páginas en blanco. El autor los escribió desde los lugares de la tristeza dejando que ella hablase, subtitulando el silencio y la soledad para después devolverlos a su sitio en el papel como glosas, arrinconados, y desde allí observar mejor el hueco, el vacío, o la pista de baile, el corrillo, el mundo, pues de esa observación nace el estudio arquitectónico de este libro.
Dándole la vuelta al célebre pensamiento de Robert Burton en Anatomy of Melancholy, si existe un paraíso en la tierra, cabe encontrarlo en un hombre triste.”

A propósito de esta Edición anotada de la tristeza, escribe José Antonio Martínez Muñoz: “La fiesta decae desde hace rato. La pista de baile rebosa sus soledades. Desde una esquina de la barra, casi confundido con el papel de la pared, un hombre apura su trago, roe su juventud, mira su propio hueco entre los danzantes y consulta el legajo de mapas en blanco de las pedanías de la tristeza, sus alrededores.”

Así que, como escribe Antonio Marín Albalate en un breve texto titulado ‘Edición agotada de la tristeza’, que lleva una cita de Juan Cartagena que reza “José Alcaraz, José Alcaraz, hasta enterrarlos en el mar”:

Allí donde se agota la tristeza
de tanto nombrarla.
                                A pie de página,
orillas de la mar de José Alcaraz.

Allí, jinete de espuma, galopa
la luz del verso que todo lo aclara.

De este libro, dos poetas como Antonio Aguilar y Diego Sánchez Aguilar dicen: “Cuando leí el libro de José Alcaraz me quedé sin palabras, afortunadamente tenía las notas a pie de páginas. Cuando leo lo que ha escrito un amigo no puedo dejar de pensar quién es y no tanto quién ha llegado a ser en el poema. Con José Alcaraz se me olvidó todo desde el inicio y simplemente lo disfruté. Gracias, señor.” (el primero); y “Este libro es de esos libros que te gustaría que no lo hubiera escrito un amigo tuyo para poder decir bien alto y fuerte y en todas partes lo grandísimo que es y que nadie pensara ya está el amiguismo de siempre, yo te la chu…a ti y luego…. Pero es verdad, es un libro enorme, tan grande como esa aparente sencillez que brilla en todo el libro y, lo más importante, consigue sacar brillo cuando levantas los ojos del papel y miras el mundo frente a ti. Y te sientes más vivo y feliz, y mucho peor poeta." (el segundo).

De hecho, Ángel Manuel Gómez Espada define el libro como: “Uno de los mejores poemarios que se van a publicar este año. Un libro que se queda con nosotros. Unos versos que trasportan a rincones que creíamos olvidados. Unos poemas que nos hacen más sabios, porque nos hacen más frágiles.”

A todo lo ya mencionado, añade Vicente Velasco: “Hablar de la poesía de Alcaraz es realizar un sinuoso equilibrio entre la soledad propia del autor y la del lector. La soledad residente y evocada entre sus versos y la invocada y oculta por nuestra rutina. Invocada, eso sí, con el más antiguo, sencillo y olvidado de los rituales líricos nunca conocidos, la elemental y sobria capacidad de que las palabras hablen por si solas."

Y así, José Óscar López: “En el centro de estas páginas en blanco está la tristeza de cualquiera de nosotros. Pero para anotar esa tristeza y acotarla, para convertirla en palabras, para comentarla y hacerla nuestra, hace falta un poeta de verdad. Inteligencia y sentimiento para la tribu de los tristes. En este libro de poemas breves y certeros, hay uno de dos versos que bien pudiera ser la poética de José Alcaraz: “Renacer de un salto / a lo contrario del vacío”. A pie de página del mundo, en el margen y el salto al mundo donde se da la verdadera lucidez.

Termino ya, lo prometo, con los dos últimos comentarios de los que quiero dejar constancia sobre esta Edición anotada de la tristeza, los que han hecho Ángel Paniagua y José Daniel Espejo. El primero de ellos dice: “Edición anotada de la tristeza es el libro de un merodeador que camina por los márgenes y siente predilección por las zonas limítrofes de lo cotidiano con lo irreal, lo irracional, lo infrecuente o lo que de puro habitual nosotros, los demás, ya apenas distinguimos. Como supongo que cada uno de los que están hoy aquí, tengo mis favoritas entre estas anotaciones o merodeos por la ciudad que comparto con ese extraño agazapado tras la piel y los ojos del tipo al que llaman José Alcaraz (la 10, 19, 36, 40, 41, 44, 45), por sus calles, sus parques, sus árboles, su atmósfera, sus perros o sus niños, pero transitada por sus pies y mirada o escudriñada por sus ojos, me cuesta reconocerla como la mía, quizá en la misma medida en que estoy convencido de que cualquier lector de cualquier otra ciudad puede creer que habla de la suya.”. Y el segundo de ellos afirma: “La forma de este libro es un poema que nos cuenta que la travesía de la tristeza y la nada puede verse amenizada por un tramo anotado con glosas predicadas del vacío, a la manera de un espejo en el que aparece un rostro, en medio de una habitación desierta, o a la manera en que una princesa árabe abre un paréntesis en la muerte y lo llena de historias. Pero las notas terminan, y volvemos al vacío∞.

Que hable el poeta.

_

 ∞ Pero no volvemos igual (N. del T.)




Multiplicando sobre la tabla de la tristeza: una aproximación a la trayectoria poética de José Alcaraz
Héctor Tarancón Royo
Revista El Coloquio de los perros 
21/5/2014 


El hombre no tiene una sola y única vida, sino muchas,
enlazadas unas con otras, y ésa es la causa de su desgracia.


(Chateaubriand, citado en Auster, 2011: 7)


El viento mece las velas, bailan en el mar mientras José Alcaraz, nacido en 1983 en Cartagena, observa cómo se pierde el puerto a lo lejos, cómo se difuminan los contornos poco a poco en el viaje hacia el centro de la existencia humana, cruzando sin prisa la calma de la felicidad, batiendo el envite de las fuertes olas de la tristeza. Dando rodeos, visitando otros lugares en busca de su Ítaca personal, con añoranza y optimismo, sin dejar de pasar, de forma obligatoria, por la fatalidad de la Laguna Estigia: la felicidad como superación de los momentos de tristeza.

Como la pulsión tejedora de Penélope, como el Destino tejido por Las Moiras, y las vidas acumuladas, que no terminan de acabar, en 2006 comienza La tabla del uno (Accésit Injuve, 2012) para (re)componerla a lo largo de los años, en el fragor de las experiencias, resultando una nueva producción, más matizada y profunda, como estadio intermedio de la tristeza. Al ritmo de la multiplicación, además, confirma su presencia con Usted está aquí (Premio Murcia Joven, 2007), primera incursión en el panorama literario, al mismo tiempo que oda a la visión poliédrica juvenil, caracterizada por su acercamiento y fascinación únicos. No obstante, como lo de las matemáticas, por desgracia, no encajaba muy bien para un hombre de hispánicas, decide seguir la máxima de Roland Barthes: escribir en blanco, dejar que los sentimientos afloraran sin dejarse abatir en Edición anotada de la tristeza (Premio de Poesía Joven de RNE 2012), donde los versos sobrevuelan las páginas a baja altitud, rozando el riesgo, palpando la vida: la propia huella del lector.

Tres obras, todas premiadas, juegan en la rayuela temporal compartiendo vivencias, erigiéndose como verdaderos palimpsestos, siempre inacabados, a la espera de completarse con las sensaciones del lector. Finalmente, con el ánimo de no fallar prematuramente, nos deshacemos del diabólico tiempo del reloj (como bien decía Cortázar), para dejar que los conceptos que destilan los poemas fluyan, vertiginosos e incandescentes, por el texto sin sujeción alguna. A modo de conclusión, un truco: los versos dan cuenta de la esencia de la existencia humana, por lo que pueden mezclarse sin problemas, nada perderá su sentido. Emprendamos el viaje, nada volverá a ser lo mismo.

«Entonces, ¿por qué no palparnos, de arriba abajo, para ver si estamos todos o nos falta algún trozo de espíritu?, ¿por qué no vivir todo si el mundo es cuestión de todos? Ubiquémonos. Encontrémonos» (Alcaraz, 2007: 10), situémonos en la cartografía emocional de la sociedad, tracemos circunferencias que nos permitan (re)encontrarnos, porque «la vida ha enterrado el mapa, / no el tesoro» (Alcaraz, 2013: 7). La recompensa tintinea a la espera, el objetivo es encontrar los detalles sutiles de la vida, buscando los sueños, disfrutando de la experiencia en comunidad. En todo caso, se trata de sintonizar una banda sonora en concreto, que José Daniel Espejo interpreta a la perfección al enfatizar en los versos de 2007 los compromisos, y los ideales, que modelan nuestro futuro, el tono enérgico que emana de uno mismo para adherirse a los demás, así como el tono atrevido y sencillo presente en toda la obra: «la clave está en la búsqueda de un ideal: el de una visión (mejor diríamos cosmovisión) totalizadora capaz de extraer lo concreto sin perder de vista el plano general en, vuelvo a machacar, el aquí absoluto y el absoluto ahora» (Espejo, 2008).

Presta atención, «no desatiendas nunca ni la tierra ni el cielo. / Cuida de tus principios, educa tus finales. / En un cuaderno limpio mantén al día siempre / tus sentimientos. Llora, para limpiar la atmósfera / de malas emociones. Y si algún día tiemblas / sin remedio, convéncete de que tú sólo vibras» (Alcaraz, 2012: 63). Transmite tu propia energía como un altavoz a todo volumen a todas las personas que lo merezcan, crea tu propia historia, tu propio mundo, lejos del ruido desinformativo, no dejes que corten tu voz: «me suena demasiado esta leyenda, / tanto como me suenan los hombres ignorados, / la sociedad perfecta, las ideas gastadas, / la desinformación, las tarjetas de crédito… // Pero hay un tiempo / de paz y de sosiego, / fíjate bien, / tras el atronador ruido de los anuncios / de la televisión. / Entonces reflexiona» (Alcaraz, 2007: 19). Propongamos nuevas formas de contactar en la presentidad, en la corporalidad del instante, silenciando las tecnologías, las sirenas que nos intentan atraer.

Hay que hacer un esfuerzo por «comprender. / Comprender. / Comprender. / Extenderse / como una mancha de alegría / en la conciencia» (Alcaraz, 2013: 15). No es fácil irradiar, y la energía deviene en muchas ocasiones en una rabia y furia ante el ilógico devenir de la vida sin objeto, vacía: «cuando me ocurre abismarse así es porque no hay más lugar para mí en ninguna parte, ni siquiera en la muerte. Es un duelo artificial, sin trabajo: algo así como un no-lugar» (Barthes, 2005: 22), apretamos profundamente desilusionados los dedos contra la injusticia, contra el sentido de la existencia, como Roy Batty al hacerlo con su creador en Blade Runner (1982).


De este modo, escribir es, en cierto modo, un proceso continuo de tensión, de tour de force contra el vacío blanquecino, de puesta en escena con los males danzando, con final catárquico: «La he desatado, una vez más. La ato y la desato de forma rutinaria» (López, 2013: 52). La escritura es caprichosa, nos inspira y nos esquiva, pero es necesaria como modo de expresión frente a la vida: «Pero eso es justamente lo que necesito, tensión. Si ahora perdiera empuje, me desmoronaría. Saldría volando en cien direcciones diferentes, y nunca sería capaz de recomponerme» (Auster, 2011: 35). Aunque expresar los sentimientos siempre es una tarea incompleta, non finita: «Trazar otra vez la misma distancia. La distancia de la partida en la que quedaste partido. Partida que no supiste ganar y que habrás de repetir una y otra vez. Para volver a perder. Para volver a partirte» (Hernández Navarro, 2011: 14), en constante acecho de volver a recaer: «ha sido fuerte, pero es frágil, ya se está desmoronando. ¿No lo oyes? ¿No oyes cómo se derrumba?» (Serrano Larraz, 2013: 145).

Por eso Alcaraz se muestra como un observador en la lejanía de los anteojos, como un flâneur fantasmal, que (des)aparece, que pasea por la vida, con maleta llena de recuerdos y paraguas protector, que recupera los instantes desapercibidos a diario: «Sale el sol y el parque alumbra / otro niño al que se le escapa un globo. / Unos se fijan en lo alto que sube, / otros en el llanto del pequeño, / hay quien ve una metáfora de la vida / (hilo frágil que sujetamos / hasta el último instante). / Y yo, que venía a respirar, / siento vértigo por la altura del globo, / pena por las lágrimas del niño, / rabia por la vida, que nos exige / apretar fuerte los puños para sujetarla» (Alcaraz, 2013: 36). Como la nube que atraviesa el cielo, como la cuchilla que traspasa el ojo en un Un perro andaluz (1929): «Quieren ponernos / una venda en los ojos / y no saben que es la cinta / que vamos a cortar / en la inauguración / de una nueva mirada» (Alcaraz, 2013: 19).

Mirar los acontecimientos bajo una nueva perspectiva, como esos palimpsestos antes mencionados, aunque puedan producirnos una asimetría irrecuperable: «Pensé que cuando conocemos mejor a las personas, estas dejan atrás imágenes de ellas mismas, visibles solo si nos esforzamos para verlas: las que tenían cuando nos produjeron impresiones que no se corresponden totalmente con las que un tiempo después ya nos hemos hecho de ella, corregidas. Desconocidos perfectos, fantasmas mudos que solo recuperan su elocuencia en nuestra remembranza o a través del ejercicio de la fantasía» (López, 2013: 43). Los momentos, en una mirada de Jano, capaz de ver de manera simultánea el origen de los acontecimientos y su final, nos obligan a pararnos a reflexionar: «Qué bueno haberme dado la vuelta / a mitad de tantos caminos, / elegir otros que ni siquiera lo parecen, / desmitificar las oportunidades, / los beneficios, el orgullo. // La gente lo llama perder trenes, / pero trenes —como dice / Jorge Riechmann en su poema— / solo son los que conducen a uno mismo. // Billetes por favor. / Salimos cuando a mí me lo parezca» (Alcaraz, 2013: 52).


Los versos nos ofrecen una multitud de sensaciones que entran dentro de nosotros para acompañarnos: «La verdadera vida no es reducible a palabras habladas ni escritas, por nadie, nunca. La verdadera vida ocurre cuando estamos solos, pensando, sintiendo, perdidos en el recuerdo, soñadoramente conscientes de nosotros mismos, los momentos submicroscópicos» (DeLillo, 2010: 27). Por esto, como también sugiere Paul Auster en Fantasmas (1986), el lector deja su huella en la obra, pero también debe inscribirse en el espacio vacío, llenando los segundos, dosificando las notas, los poemas, asumiendo esa perspectiva durante todo el día. De esta manera, podremos ver lo que el poeta ha visto, sentir lo que él ha sentido, experimentar lo que una vez fue, tocar, en definitiva, el vértigo al andar: «Hablar con uno mismo / es ir haciendo patria / del corazón. // Para cualquier viaje, / para cualquier paseo, / el espíritu / de una mudanza. // […] Una tarde luminosa, / sin índices / ni prólogos. // Tan sólo ser. // El perfume / es la mejor / de las ausencias. // Cada vez / más / cadáver. // Vivo aconteciéndome» (Alcaraz, 2012: 81-82). Tú, lector, «tú que me estás leyendo, ya tienes media culpa / de este poema. / Te has ganado el permiso, / la licencia para matar / cualquiera de mis pensamientos, / porque ahora también son tuyos. / Pero, cuidado, / piensa que cuando me abandones / tus recuerdos serán / las huellas de este dulce crimen, / y sólo yo, / arrugado entre las palabras, / el cuerpo del delito» (Alcaraz, 2012: 65).

En la lejanía «alguien habla en voz alta / de la canción perfecta. Dice / que ha de tener poesía en los versos / e invitar al baile. // La imagino, a medida que la voz / de quien la define queda al fondo. / Y me veo bailando esa canción / extasiado por el ritmo, / creyéndome parte del aire, / de todo el universo, ilimitado. // Hasta que la música, de pronto, se detiene / a escuchar esa parte de certeza incómoda / que con su espada de silencio / atraviesa el corazón de los poemas, // y, como en el juego de las sillas, / pierdo, vuelvo a quedarme de pie, / vuelvo a quedarme solo» (Alcaraz, 2012: 85).

Quedarse solo, sumergirse en el mar, disfrutar de los silencios. Son las consecuencias de alejarse, ¿o no? Juan de Dios García analiza la tristeza característica del poemario de 2013 desde el frío, desde otra visión que enfatiza el margen, el distanciamiento necesario que no se deja abatir: «Muchas de estas notas son poemas de situación emocional y, otras, de reflexión sensitiva, de pensamiento que impresiona, de sacudida breve y directa. Todos ellos con su dosis de entusiasmo, melancolía, belleza o lo que tenga a bien llegar a la orilla de los versos […] Nuestros fracasos, pues, aparecen mezclados con nuestros éxitos más felices» (García, 2013). Desde este punto de vista, le damos la vuelta al asunto para decir que la felicidad, más bien, se produce por la superación de los fracasos, del sentimiento de realización ante el imparable giro de la vida: «y él [Proust] mira hacia atrás y decide que todos esos años en los que sufrió, aquellos fueron los mejores años de su vida, porque le hicieron ser cómo era» (Dayton y Faris, 2006). Como bien dice el autor ante las oportunas preguntas de Ruby Fernández: «Me gus­ta­ría acla­rar que escribí el libro en nom­bre de la tris­teza que aprende y no se deja aba­tir. Esa no teme nada. Ahora mismo la ima­gino como una bala que, en vez de entrar, sale de la herida» (Fernández, 2013).

Enfrentarse contra la adversidad es arduo, pero obligatorio y, con el paso del tiempo, satisfactorio, por lo que no es de extrañar que, en esta línea, a veces partida, encontremos un uso, muy sugerente e inteligente, del humor: «¿Te imaginas que Dios existe / y que al buscar en Google la palabra Universo / no lo reconoce ni de milagro? // Asusta suponerlo: / si también los dioses tienen amnesia, / ¿qué dèjá vu ancestral / hará que vuelvan a creer en nosotros?» (Alcaraz, 2007: 12), quizá no haga falta, ya que «[…] Tal vez no te parezca nada justo, querida / pero, como ya sabes, la justicia / es un gran cuento chino, / o romano, no sé. / Además, esto sólo es un poema» (Alcaraz, 2007: 16), o también una forma alternativa de aprovechar el tiempo: «Vaciar relojes de arena en la playa, / sería una bella forma de perder el tiempo» (Alcaraz, 2013: 33).



Y esta manera no es casual tampoco, ya que, progresivamente, los poemas se escapan, como granos de arena, entre los dedos, en el aire, en nosotros mismos… Las frases se cortan, se interrelacionan, y también se alejan jugando al escondite, resultando, sobre la unicidad de los versos, una autonomía conceptual magistral. En el primer poemario las disposiciones varían sin demasiada atención a las rimas, jugando con el espacio: no sólo es importante qué se dice, sino cómo se dice, para más tarde introducir en su última obra las gotas de lluvia caídas, como un animal agazapado en la hierba, un catálogo de las emociones irrepetible, que hace pensar que «la vida discurría en voz baja, se movía con una lentitud astuta, como un animal acorralado en su madriguera. El mundo parecía estar a siglos de distancia» (Baricco: 2005, p. 42).

El círculo, poco a poco, se está terminando de abrir (porque cerrarlo, está comprobado, es imposible). Mirando al paisaje nos (re)encontramos: «Era extranjero. Aún no lo sabía: / en los Balcanes se habla con la nieve. // Alguien se lo contó mientras buscaba / la niñez contenida en tres bobinas / de celuloide mudo: hilanderas / griegas iban tejiendo el horizonte / de sus últimos días en Avdella // […] Sangre y persecución. No entiende ya en qué guerra ha combatido […] Era extranjero, pero entonces supo: la guerra está tan cerca que parece estar lejos» (García, 2014: 28-29). Una lejanía irrepetible ante los acontecimientos, un buceo por uno mismo, un pensamiento honesto en el mundo que nos relata Rilker, su gran poeta: «No hay medida en el tiempo: no sirve un año, y diez años no son nada; ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol, que no apremia a su savia, y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás no pudiera venir el verano. Pero viene sólo para los pacientes, que están ahí como si tuvieran por delante la eternidad» (Rilker, 2014: 41-42), «esto, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esa necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser un signo y un testimonio de ese impulso» (Rilker, 2014: 26-27).

That’s How People Grow Up, canta Morrissey en la lejanía de la melancolía.
«El amor se hace amor en el recuerdo / al igual que los hombres se hacen hombres / en su reflexión» (Alcaraz, 2007: 17).

La vida nos ahoga, pero sólo buceando se encuentran los tesoros. Burbujeando, segundo a segundo, sin parar de buscar en el fondo.

«No se puede estar siempre pensando en lo que habría podido ser. Hay que pensar que la vida que uno lleva es tan satisfactoria, o incluso más, que la de los otros, y estar agradecido» (Ishiguro, 1990: 245).

«Siempre se vuelve a él con más gozo, con más gratitud, y, no sé cómo, mejor, más sencillo en la mirada, más profundo en la fe en la vida, y más dichoso y grande en la vida…» (Rilker, 2014: 40).

Encontrando la recompensa, atesorando las ganancias.

«El libro ha sido mi monasterio; el silencio, / mi maestro; la soledad, mi noviciado. / Y en todo este tiempo, el pensamiento de ser / contra la adversidad / ha prosperado por encima del resto, / como el silencio por encima del ruido» (Alcaraz, 2012: 87).


__________  
           
—Alcaraz, J., (2007), Usted está aquí en López García, V. (ed.) et al., Poesía: Literatura Murciana Joven 2007. Murcia, Instituto de la Juventud.
—Alcaraz, J., (2012), La tabla del uno en Vives Duarte, Isabel (ed.) et al., Catálogo Poesía Injuve 2012. Madrid: Instituto de la Juventud.
—Alcaraz, J. (2013): Edición anotada de la tristeza. Valencia: Pre-Textos (Premio de Poesía Joven de RNE 2012).
—Auster, P. (2011): El libro de las ilusiones. Barcelona: Anagrama (2002).
—Baricco, A. (2005): Seda. Barcelona: Anagrama (1996).
—Barthes, R. (2005): Fragmentos de un discurso amoroso. Madrid: Siglo XXI (1977).
—DeLillo, D. (2010): Punto omega. Barcelona: Seix Barral.
—Edición anotada de la tristeza (2013) Cortometraje dirigido por Domingo Llor. España, Cartagena.
—Espejo, J. D. (2008): “José Alcaraz Pérez / Usted está aquí”, en Trabajando con el vacío [En línea] España, disponible en: http://josedanielespejo.blogspot.com.es/2008/01/jos-alcaraz-prez-usted-est-aqu.html [Consultado el día 20 de abril de 2014].
—Fernández, R. (2013): “Entrevista a José Alcaraz”, en Koult [En línea] España, disponible en: http://www.koult.es/2013/10/entrevista-a-jose-alcaraz/ [Consultado el día 21 de abril de 2014].
— García, J. D. (2013): “Introducción a Edición anotada de la tristeza, en Alcaraz, José, Como no iba diciendo [En línea] España, disponible en http://josealcaraz.blogspot.com.es/2014/04/resenas.html [Consultado el día 21 de abril de 2014].
García, J. D. (2014): Ártico. Valencia: Germanía.
—Hernández Navarro, M. A. (2011): Cuaderno […] duelo. Murcia: Nausícaä.
Ishiguro, K. (1990): Los restos del día. Barcelona: Anagrama (1989).
— López, J. Ó. (2013): Los monos insomnes. Lisboa: Chiado.
—Pequeña Miss Sunshine (2006) Película dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris. Estados Unidos, Fox Searchlight Pictures / Big Beach [DVD].

Rilke, R. Mª. (2014): Cartas a un joven poeta. Madrid: Alianza (1903-1904/1908).
—Serrano Larraz, M. (2013): Autopsia. Barcelona: Candaya.

Contacto

Biografía



José Alcaraz (Cartagena, 1983). Autor del libro de poemas Edición anotada de la tristeza (Pre-Textos, 2013; V Premio de Poesía Joven RNE) y de los poemarios en volúmenes colectivos La tabla del uno (Accésit Premio Injuve, 2012) y Usted está aquí (Premio Murcia Joven, 2007). Sus poemas han sido traducidos al griego y al portugués. Licenciado en Filología Hispánica por la UNED. Colaborador de la revista digital de literatura El coloquio de los perros y de diversos colectivos culturales y educativos.

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