Conozco bien esta ciudad, créanme. Sus edificios hablan mediante los habitantes que salen de ellos, y escuchan con los que entran. Por supuesto, los portales son sus bocas; pero ¿y los oídos? Hay quien asegura que se encuentran en las ventanas porque ellas dejan pasar el viento. ¡Qué torpeza imperdonable! Todo el mundo debería saber que las ventanas son los ojos, y, sobre todo, que los edificios escuchan por medio de puertas cerradas. Al fin y al cabo, la intimidad sólo es el ojo de una cerradura aparentemente invulnerable.
Por la mañana, a las ocho, el paseo hasta el trabajo se convierte en todo un ejercicio de bancarrota. Sin que nadie lo sepa, en mi imaginación, doy veinte céntimos a todo el que encuentro en mi camino a cambio de sus pensamientos. La inversión es una ruina, pero pronto ofrece buenos resultados. La extraña sensación de soledad con que despierto, parecida a una multitud en ayunas, se va llenando de ideas efímeras, de planes inmediatos, de temores y todo tipo de pequeñeces ajenas que me hacen sentir acompañado.
¿Cuánto habré gastado este año en los pensamientos de otros? Preguntas así se hace un hombre como yo a la llegada del verano. Las pérdidas, que hasta ahora sólo habían sido económicas, comienzan también a ser físicas. Los niños toman sus vacaciones, y con ellos, de la mano, desaparecen sus madres. Las aceras van perdiendo parte de su significado, se vacían como mi bolsillo. ¿Dónde está el hombre de traje y cara redonda? ¿Dónde la mujer con su perro gigante? ¿Y la chica que monta en bicicleta muy seriamente? ¿Y la que se rasca la nariz cuando paso por su lado? Hombre de la barba, ¿seguirás mañana aparcando en doble fila para comprar el periódico? Jubilado caminante, limpiadora polaca, ¿estaréis aquí?
La mayoría de pensamientos que compro suelen ser repetidos; supongo que es difícil improvisarlos diariamente en una vida tan mecanizada. El problema ahora es que con la llegada del verano -aparte del vacío que se extiende en la ciudad como una mancha de culpa en la conciencia- muchos de los pensamientos se ocupan demasiado del calor que hace, perdiendo así casi toda profundidad. De este modo, cualquier cosa se vuelve un poco más frívola.
Flotan demasiado los días como para seguir escribiendo y fijándolos a la tierra. Invento vidas, nada más. Si ellas se evaporan por una temporada, yo también.
Por la mañana, a las ocho, el paseo hasta el trabajo se convierte en todo un ejercicio de bancarrota. Sin que nadie lo sepa, en mi imaginación, doy veinte céntimos a todo el que encuentro en mi camino a cambio de sus pensamientos. La inversión es una ruina, pero pronto ofrece buenos resultados. La extraña sensación de soledad con que despierto, parecida a una multitud en ayunas, se va llenando de ideas efímeras, de planes inmediatos, de temores y todo tipo de pequeñeces ajenas que me hacen sentir acompañado.
¿Cuánto habré gastado este año en los pensamientos de otros? Preguntas así se hace un hombre como yo a la llegada del verano. Las pérdidas, que hasta ahora sólo habían sido económicas, comienzan también a ser físicas. Los niños toman sus vacaciones, y con ellos, de la mano, desaparecen sus madres. Las aceras van perdiendo parte de su significado, se vacían como mi bolsillo. ¿Dónde está el hombre de traje y cara redonda? ¿Dónde la mujer con su perro gigante? ¿Y la chica que monta en bicicleta muy seriamente? ¿Y la que se rasca la nariz cuando paso por su lado? Hombre de la barba, ¿seguirás mañana aparcando en doble fila para comprar el periódico? Jubilado caminante, limpiadora polaca, ¿estaréis aquí?
La mayoría de pensamientos que compro suelen ser repetidos; supongo que es difícil improvisarlos diariamente en una vida tan mecanizada. El problema ahora es que con la llegada del verano -aparte del vacío que se extiende en la ciudad como una mancha de culpa en la conciencia- muchos de los pensamientos se ocupan demasiado del calor que hace, perdiendo así casi toda profundidad. De este modo, cualquier cosa se vuelve un poco más frívola.
Flotan demasiado los días como para seguir escribiendo y fijándolos a la tierra. Invento vidas, nada más. Si ellas se evaporan por una temporada, yo también.

9 comentarios:
A ver joven, ¿no habíamos quedado en que usted era poeta?
No me puedo creer que ahora me venga con semejante lujo de ejercicio en prosa como si nada.
Exijo disculpas por haberme mentido, y pronto.
Pues a evaporarnos todos por un rato!
Besos!!
Leo, como bien dices, se trata de un ejercico. Me apetecía un poco de romanticismo y justificarlo con un ligero guiño a Noches Blancas de Dostoievskiy. Agradezco un montón tu piropo. La idea no es escribir así exactamente sino ir haciendo pruebas por aquí y por allá hasta acercarme a la prosa que tengo en la cabeza, sin ningún plazo o proyecto concreto a la vista.
No recuerdo si te dije que te afiné.
Yo voy evaporándome poco a poco, Marian. Pero definitivamente tendré la segunda quincena de julio libre para demostrarlo. Espero conseguirlo. Ya veo que tú estás en ello, ja, ja.
Un abrazo a los dos
A mi me da miedo el verano. Me da miedo septiembre también. Y conforme voy cumpliendo los años más miedo me entra en el cuerpo...
A ver si te acuerdas un poco de mí, cabroncete, que llevo ya un par de meses esperando que tengas un rato libre para tomarnos algo ;) a ver si este verano lo hacemos.
Un abrazo
Estoy al tanto de nuestras afinidades. Pero aún soy vergonzoso (tanta bio-bibliografía que me rodearía...). Si surge alguna otra afinidad puede que sí.
Suerte con la prosa, amigo (a ver si pillo por ahí las noches blancas esas).
Entre una cosa y otra, Gonka, también tengo miedo (¿quién no?) y no he podido quedar contigo. Apuntado queda. Trabajo casi todo el verano. Un abrazo.
Recojo tus suertes, Leo. Otro abrazo.
Conde, aquí tienes una admiradora, ya sea en prosa o poesía, algo se desprende de tus escritos que acaba enganchando... siempre digo que algo está bien escrito cuando consigue que te traslades a la historia, cuando te conviertes en un espectador absoluto de ese escrito...
Me despido conde, por un tiempito, marcho a segunda casa, esta vez Guatemala y el Salvador, visitaré proyectos que llenarán el alma para sobrevivir otro año más en este primer mundo... volveré en septiembre...
Un gran abrazo, cuidate mucho y no olvides lo que te dije un día, la positividad o la negatividad, son opciones, tú eliges...
Merchita
Un saludo a Guatemala y el Salvador de mi parte. Que os vaya todo muy bien por ahí. Otro abrazo para ti y gracias por la positividad.
Ando con unos pocos días de vacaciones y sólo me conecto en bares. Ciao.
Viva el existencialismo...oye, no sé si tengo tu dirección de correo, me la tienes que pasar ok? velasco_vm@hotmail.com.
Por cierto ya está en marcha el blog del musiversando...al cual, claro está, estás más que invitado. Invéntate algo y me cuentas...y si no ya te invento algo yo...Saludetes y pasa el verano lo mejor que puedas.
Vicente Velasco
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